martes, 25 de julio de 2017

CERRADO POR VACACIONES

Closed holidays

Empieza la cuenta atrás para las vacaciones estivales. Mi destino este año será Portugal, zona de Oporto y zona de Lisboa. Ya os contaré (con reportaje gráfico incluido para poneros los dientes largos).
         Los habitantes del blog queremos desearos un buen verano a todos. Que repongáis fuerzas, que cumpláis muchos deseos y que os desmelenéis todo lo posible.
         Nos vemos a la vuelta; sed buenos (aunque no demasiado :-))

jueves, 13 de julio de 2017

Cómo se gestó «Concubina Imperial»

Fan Bingbing

De la serie «La emperatriz de China»
Fan Bingbing, interpretando a Wu Zetian,
quien reinó unos años antes de mi protagonista.


Wu Zetien

Tal como os prometí en la entrada que dediqué a la antología HASTA SIEMPRE, PRINCESAS, hoy voy a hablar sobre «Concubina Imperial», el relato de mi cosecha que ha sido incluído en esta segunda edición del libro.


Hace ya algunos años, concretamente en 2010, yo escribí un relato para una convocatoria de Calabazas en el Trastero cuya temática era Terror Oriental.
         Como siempre, una de las primeras cosas que hice fue documentarme sobre el escenario que empezaba a vislumbrar en mi mente, en este caso, la China Imperial. Se daba la circunstacia de que hacía poco que había leído la novela «Tres cuentos chinos, los primeros casos del juez Di», de Robert van Gulik, cuyo protagonista es trasunto de un personaje histórico llamado Di Renji, un juez que vivió en China entre los años 630 y 700, bajo la Dinastía Tang. Así que tenía incluso la época elegida. Y el escenario. Porque necesitaba, para el personaje que se iba perfilando en mi imaginación una ciudad importante, seguramente la capital de la época, esto es, Chang'an (hoy Xi'an).
         Al mismo tiempo que iba buscando datos sobre el ambiente y entorno que quería recoger iba escribiendo las primeras páginas, y veía crecer ante mis ojos a Jinjing, Resplandor del Oro, una bailarina-cortesana que se había fijado como misión en la vida la venganza.
         Como soy una obsesa del rigor, incluso cuando escribo —cosa muy habitual— sobre temas fantásticos, busco siempre nombres, apellidos, patronímicos y hechos históricos reales, y cuido los detalles de ambientación para que sean lo más fieles posible. Y recurro siempre a la música, que me sirve para reproducir también en el tipo de prosa que utilizo para una historia determinada las sensaciones que me produce ese ambiente específico, tal como yo lo concibo, y esa trama que voy construyendo en mi cabeza.
        Siempre digo que yo escribo desde dentro. Es decir, que construyo un mundo, con sus leyes y sus hechos, en mi imaginación y lo voy dejando salir e impregnar las páginas. En vez de crear afuera una estructura y un andamiaje y luego ir colocándole las distintas piezas para que todo cobre sentido y proporción. Y la música es siempre clave para hacerme «sentir», aunque sea a mi manera y con mis filtros, lo que podía ser China, el espacio, la prehistoria, la Europa de entreguerras o los bosques féericos plagados de magia.
         Según avanzaba mi historia, iba encontrando nuevos aportes insospechados. Y llegué a un punto crucial, que me encanta y suele repetirse, en que la trama que yo iba ideando encajaba a la perfección con ciertos hechos y personajes históricos que parecían hechos a mi medida. Digo que es algo que suele repetirse en mi caso porque son ya varias las historias literarias que he escrito que, milagrosamente, han encontrado eco real, de un modo u otro, en la Historia con mayúsculas. Tal vez sea que todo se repite. O tal vez que las motivaciones humanas, y los actos que resultan de ellas, son siempre básicamente las mismas, por más que nos separen los siglos o los continentes.

L. G. Morgan

El caso es que así llegué a Yang Yuhuan, quien acabaría poniendo cuerpo y realidad al relato que estaba gestando: «Almas en danza».
         Yang Yuhuan era una joven de buena familia que había sido desposada por el Príncipe Shou, hijo del Emperador Xuanzong, el sexto de la dinastía Tang.
         Un día en que su suegro paseaba por el jardín posó sus ojos en ella, y quedó prendado de manera inmediata. Era el emperador, así que todo quedó arreglado para que, pasado el tiempo y tras un conveniente divorcio, la mujer se convirtiera en una de sus esposas. Todo gracias, también, a los oficios del eunuco de alto rango Gao Lishi, que se convirtió en aliado y protector de la joven Yuhuan.
         Como esposa preferida del emperador se le asignó el nombre de Yang Guifei (o Yang Kwei Fei), Concubina Imperial de alto rango, título que conservaría hasta su muerte. Aprovechó su estatus privilegiado para favorecer a su familia y a su protegido, el general de origen turco An Lushan, al que consiguió promover al cargo de gobernador militar de los distritos del nordeste. Ese mismo general encabezaría años después una rebelión que puso fin al apogeo de la dinastía Tang, minando su poder y causando en poco tiempo su declive.
         Para mi relato yo no necesitaba utilizar toda esta información; de momento, como ya digo, me conformaba con poder contar con un nombre real que fuera apropiado en cuanto a época y rango. Pero el papel que la verdadera Yang Yuhuan desempeñó —premeditadamente o no— en la ruina del imperio casaba tan bien con el que yo le había asignado a mi protagonista, que guardé para mí muchos de estos hechos históricos pensando que, tal vez, pudieran servirme en el futuro. ¿Cómo desperdiciar el regalo que me hacían la providencia o el azar?
         Así que en 2012, con ocasión esta vez de participar en el concurso de relato histórico Hislibris, recordé a mi vieja amiga y quise terminar de contar su historia, utilizando entonces todos los datos que fui capaz de encontrar sobre un personaje que es en gran parte leyenda. Y nació Concubina Imperial.


L. G. Morgan


La conclusión de los planes que Yang Yuhuan se había trazado a sí misma en Almas en danza. Un relato histórico, teñido por los tonos que nos aportan el mito y la leyenda, que bebía del resto de la crónica consignada de su vida.
         Porque el haber sido la influyente esposa de Xuanzong y elevado a sus amigos y familiares le pasó una cruel factura. Estallada la rebelión, la corte entera abandonó Chang'an y se dirigió a Sichuan. Llegado un punto, el ejército pidió las cabezas de la Concubina y su familia. Muy apenado, Xuanzong acabó cediendo y Yang Kwei Fei fue ahorcada (no se sabe si por su propia mano o por la de Gao Lishi, el fiel servidor responsable de su ascenso). Su cuerpo nunca se recuperó y existe una leyenda que dice que fue rescatada y huyó a Japón, donde vivió el resto de sus días y donde se llegó a convertir en una divinidad honrada hasta hoy.
         El emperador nunca se recobró de su pérdida y abdicó en favor de su heredero poco tiempo después. An Lushán murió asesinado por su propio hijo y la rebelión que había iniciado se disolvió en las páginas de la Historia sin demasiado ruido. Pero la dinastía Tang quedó herida de muerte y, con un poco de imaginación, se puede contemplar el trazo dibujado por una mujer que jugó con el destino. Una criatura apresada y oprimida que consiguió así cumplir sus sueños de venganza.

Podéis leer el relato completo AQUÍ, EN LEKTU, entrelazado con las historias de otras mujeres asombrosas. Buena lectura.